La primera vez que fui a donar sangre

25 Sep

Hace aproximadamente 1 año doné sangre por primera vez.

Me acuerdo que el día anterior había perdido la tarjeta de débito y no tenía plata ni para tomar el colectivo. Así que rescaté unos 20 dólares que tenía encanutados en casa, los cambié y fui para allá. Creo que parte del folklore del esfuerzo personal resultaba en que despertarme a las 9 a.m de un sábado y tener que ir a una casa de cambio para poder viajar era, al contrario de desalentador, totalmente motivante.

Lo que me sorprendió ni bien entré fue la amabilidad de las personas que trabajan allí. Quizá iba con la idea previa de estar entrando en uno de esos hospitales públicos que te atienden como si te estuvieran haciendo un favor. Pero acá no, era claro que todo el personal tenía bien presente que uno está haciendo un bien y que si es tu primera vez quizá necesites cierta contención.

Así fue que una señorita me entregó una planilla para completar… básicamente para conocer un poco mi historial y ver si califico para donar sangre. Son una 50 preguntas de multiple choice para calificar como donante. Por ejemplo, si mantuvo relaciones sexuales con más de una persona en la última semana, si consumió drogas, etc, etc. Acá, es muy importante la sinceridad… responder cada pregunta con la verdad… sino no sirve de nada.

Una vez que completé la planilla esperé unos 5 minutos que me entrevistó un médico. De nuevo me sentía valorado como en ningún lugar. Una atención súper fraternal, pero profesional a la vez. Me encargué de decirle que yo era con seguridad el tipo más cagón del planeta y que seguro me desmayaba. Pero ya tenían todo un plan pensado para personajes como yo.

Me senté en una reconfortable silla, similar a la que hay en el consultorio de un dentista y giraron uno de los televisiones de la sala hacia mí, con un volumen alto y con Los Simpsons! Era la distracción perfecta…Cada 1 minuto me venían a charlar y me preguntaban si iba todo bien. El plan funcionó.

Una vez que terminé ya tenía hambre (estaba en ayunas obviamente). Así que salí de la salita y me sirvieron un rico desayuno de café con medialunas en el hall de entrada. Y mientras tomaba el café veía otros tantos como yo que venían a donar, con esa expresión de serenidad en la cara, de saber que van a hacer algo bueno por otro, que mañana podría ser uno mismo. Y ahí entendí un viejo anuncio que decía “mientras sigamos pensando que el petróleo es el líquido más importante del planeta, estamos fritos…”

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